Cuando Alexander Mora Venancio veía a un anciano caminando en las calles de El Pericón, Tecoanapa, Guerrero, hacía una reverencia como signo de respeto. Era un joven educado, huérfano de madre, vivía en una casa de techo de lámina, con piso de tierra, con dos de sus hermanos y su padre. Su papa Ezequiel Mora Chora, es un taxista que trabaja un vehículo ajeno para poder proveer a su familia. Alexander abandonó la Universidad Autónoma de Guerrero, donde estudiaba Desarrollo Regional, porque quería estudiar para maestro en la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos.
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